HUIR DE LOS HORRORES DEL FRENTE. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

03.04.2025 11:16

              

¿Qué era un refugiado?

El drama de los refugiados ha sido padecido demasiadas veces a lo largo de la Historia. Todavía se sufre y muy posiblemente continuará azotando a la Humanidad futura. La Guerra Civil española provocó un auténtico calvario al respecto. A un Madrid cercano al millón de habitantes llegaron en los primeros meses del conflicto de 300.000 a 500.000 desplazados, escapando de tierras extremeñas y castellanas del avance de las fuerzas rebeldes. Durante el conflicto, tres millones de personas fueron desplazadas hacia las provincias de Murcia, Alicante, Valencia, Tarragona, Barcelona y Gerona, de las que 1.800.000 recibieron asistencia.

El ofrecimiento de tal asistencia desbordó en muchas ocasiones a unas autoridades locales inmersas en una formidable vorágine de problemas de todo tipo. Con laboriosidad fue definiéndose legalmente la figura del refugiado, que el gobierno de la República pormenorizó a 2 de marzo de 1937. Se trataba de una persona emigrada desde una zona ocupada, no hostil al régimen republicano, y sin posibilidades de acogida familiar o de amigos. El varón sano de 20 a 45 años no gozó de tal estatuto. Al mes siguiente se decidió que quien tuviera familia refugiada y ganara más de diez pesetas debía dar el cuarenta por ciento de sus haberes para el mantenimiento de los refugiados.

Las instituciones republicanas de atención a los refugiados.

El gobierno era el que debería de autorizar los movimientos de las personas refugiadas, en una España republicana que había experimentado una auténtica revolución social y política, con fuerzas y poderes en liza.

Se creó el 5 de octubre de 1936 el Comité Nacional de Refugiados, dependiente de Presidencia de gobierno. El 26 del mismo mes se establecieron los Comités locales, dependientes de los Consejos Provinciales de Asistencia Social. Sin embargo, el Comité Nacional fue disuelto el 30 de enero de 1937, encargándose el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social de la cuestión. Dependiente del mismo, se estableció el 17 de febrero el Comité de Evacuación y Asistencia a los Refugiados, llamado Oficina Central desde el 23 del mismo mes.

Los cambios no pararon ahí: la Oficina Central se disolvió 6 de enero de 1938 y se creó la Dirección General de Evacuación y Refugiados, dependiente del Ministerio de Trabajo y Asistencia Social. Dispuso de Delegaciones provinciales con Oficinas de Etapa para facilitar los movimientos de los refugiados, como la ubicada en la Estación del Norte de Valencia. Allí se estableció un comedor en un restaurante anterior, el número 1 o Ascaso. También contó con albergues y refugios, como el Mariana Pineda, el Ramón y Cajal, el Ferrer y Guardia, y el Margarita Nelken, este último con capacidad para cuatrocientas personas y con dotación de duchas y dormitorios divididos para acoger a las madres con sus hijos. Comedores y albergues fueron atendidos por personal, mayoritariamente femenino, afiliado a partidos y sindicatos de izquierdas, como la UGT y la CNT.

Con independencia de estas instituciones de atención a los refugiados, algunas autoridades locales, como la Junta Delegada de Defensa de Madrid, dispusieron hasta el 22 de abril de 1937 de su Delegación de Evacuación, tanto por circunstancias militares como políticas, que contó con la inestimable ayuda de las compañías mixtas de transporte de evacuación. Los problemas de los refugiados en el atenazado Madrid suscitaron la visita de una delegación de la francesa CGT del Loira en febrero de 1938.

En Requena, se terminó formando tras los primeros embates de la guerra y de la revolución la Comisión Gestora Municipal y de Defensa de los vecinos el 26 de noviembre de 1936, que dispuso de su Comisión de Trabajo, Sanidad, Instrucción, Beneficencia, Alojamiento, Personal y Gobierno, y Servicio de Incendios. Entre sus heterogéneas funciones estuvo la de proporcionar comida y ropas a los refugiados.

En la acogida de personas especialmente vulnerables, la de memores de edad, tuvo singular importancia la residencia infantil El Cerrito (dirigida por Alejandro Sáez)cuya viabilidad se encontró seriamente amenazada en diciembre de 1936. El 22 de aquel mes se acordaron con el Ministerio de Justicia las condiciones de su preservación: el número máximo de menores acogidos sería de cuarenta y cinco, y el Estado subvencionaría cada plaza con cuarenta y cinco pesetas diarias. Como toda previsión podía verse con facilidad desbordada y toda ayuda era bienvenida, las milicias le donaron 397 pesetas el señalado 24 de diciembre.

El resistente Madrid y las primeras llegadas de refugiados a Requena.

Las fuerzas sublevadas no lograron rendir Madrid hasta el final de la Guerra. Su resistencia, su "¡No pasarán!" tomado de los parisinos de la I Guerra Mundial, se convirtió en todo un símbolo internacional de la lucha contra el fascismo. En la retaguardia republicana se tuvo viva conciencia de ello.

No podemos precisar el número de refugiados que entonces afluyeron a Requena, pero sí su impacto en la vida local. Un numeroso grupo de mujeres se ofreció el 3 de diciembre de 1936 para confeccionar prendas de vestir para aquéllos. Les dispensaría las telas la Comisión Gestora, tomándolas de las casas incautadas, con intervención en la confección de las organizaciones del Frente Popular.

Con unos modestos medios muy comprometidos, se movió en la Comisión Gestora un debate sobre los refugiados el 17 de diciembre. Como se carecía literalmente de dinero para auxiliarlos, se decidió que los milicianos y los que cobraran del Estado no percibieran nada, aunque la decisión final tenía que ser tomada por las organizaciones del Frente Popular en el mismo Madrid, que había dejado de ser la sede del gobierno republicano el 7 de noviembre.

Las aldeas de Requena ya sirvieron para capear el temporal en la medida de lo posible, pues el 18 de marzo del 37 se acordó un reparto voluntario entre los vecinos del Derramador, Roma y el Pontón para atender a los refugiados.

El desplome del Frente del Norte agudiza el problema.

La causa republicana había conseguido vencer los sucesivos asaltos sobre Madrid, lo que condujo a los sublevados a intensificar sus operaciones en el Frente del Norte. Bilbao cayó en sus manos el 19 de junio de 1937, lo que recrudeció el problema de los refugiados.

Un delegado del Ministerio de Trabajo y Asistencia Social se desplazó a Requena el 14 de julio, con el anuncio del envío de seis personas, mujeres y niños, procedentes de Bilbao. Nada más se nos dice sobre su condición, pero es probable que se trataran de algunas madres con sus hijos. Se dispuso que serían alojados en las aldeas de La Portera, Campo Arcís y Hortunas.

Sin embargo, los refugiados representaban sólo una parte de la población desplazada, hasta tal punto que el 18 de noviembre se pensó establecer en una Requena cada vez más hambrienta un nuevo horno para abastecer a los transeúntes y forasteros.

La crisis humanitaria de la primavera del 38.

La terrible batalla por Teruel, tan cercana a Requena, se extendió con ferocidad entre el 15 de diciembre de 1937 y el 22 de febrero de 1938. Más personas tuvieron que sufrir los infortunios de los desplazamientos forzados, por lo que el 3 de enero del 38 se celebró en Valencia una reunión sobre el particular: se establecieron zonas de saneamiento y despiojamiento en Sarrión y en Gilet. El 24 de febrero la Comisión Gestora de Requena destinó dinero de la partida de los pobres, sin perjuicio del Hospital Asilo de Ancianos.

La situación empeoró tras la derrota republicana en Teruel. Para evitar complicaciones con Francia y proseguir su guerra de aniquilamiento, Franco dio prioridad al avance hacia el Mediterráneo por tierras aragonesas y valencianas, y el 9 de marzo desencadenó una ofensiva con 200.000 soldados apoyados por fuerzas aéreas alemanas e italianas. El 15 de abril alcanzaron Vinaroz, cortando en dos el territorio republicano.

Ya el 7 de abril el jefe de negociado de transeúntes de la Delegación de Evacuados anunció por telegrama la llegada a Requena de veinte refugiados de la zona de guerra, que deberían ser alojados en casas particulares por la Comisión de Asistencia Social. Entre los republicanos locales, de por sí divididos, preocupaba la presencia de emboscados o partidarios de Franco entre los desplazados a 28 de abril.

La situación fue a peor en las semanas siguientes. Acompañados por el delegado Francisco Ramírez, se destinaron a Requena veinte evacuados el 20 de mayo. A Campo Arcís se reservaron una familia compuesta por un hombre de 43 años, su mujer de 31, y sus hijos de 12, 10, 8, 4 y 2 años y una pequeña de 2 meses, procedentes de la cordobesa localidad de Bujalance; un varón de 35 años de La Cuba de Teruel; un hombre de 21 de la gerundense Santa Pau; otro de 30 de Morella; dos varones de 52 y 40 años de Pitarque; y tres de 49, 45 y 36 años del entonces Olocau del Rojo. En la misma Requena se quedaron una mujer de 27 años de la turolense Cella, un niño de un año de Teruel, una mujer de 25 de Lugo y un niño de 3 meses sin procedencia conocida. La guerra había desplazado a personas ya de por sí desplazadas, algunas de las cuales no cumplían como tal lo prescrito el 2 de marzo de 1937.

Las llegadas habían sido importantes. A 21 de mayo en Casas Nuevas de Requena se registraron trece refugiados de la castellonense La Salzadella, con lazos familiares. A 31 de mayo de 1938 se consignaron en La Portera una familia de tres integrantes procedente de Madrid, una familia de cinco miembros de la turolense Castelserás; una familia compuesta por un varón de 43 años (de Ares del Maestre) y su mujer y sus seis hijos de Morella, junto a un pariente de 39 años de Benasal; y otra familia de tres miembros del matritense Ciempozuelos.

El 13 de junio, un día antes de la toma de Castellón por las fuerzas de Franco, se trasladó desde allí otro grupo de cincuenta personas, acompañados por Antonio Puig. Al menos, conocemos la condición de treinta y seis de los mismos. De la misma Castellón, llegaron una madre de 57 años y sus tres hijas de 27, 22 y 16 años; dos hermanas de 3 y 7 años; una anciana de 64; una mujer de 33; cinco de hermanos de 12, 8, 6 y 5 años, y uno de ocho meses; un anciano de 64; dos mujeres de 37 y 49 años; y dos parientes de 50 y 15 años. De la Vall d´Alba, un varón de 44 años, con su mujer de 38, y sus dos hijos de 6 y 2 años. De Morella, pasando por Cortes de Arenoso, una madre de 31 años con sus tres hijos de 1, 3 y 7 años, y su hija de 5 años. Del Forcall, desde Cortes de Arenoso, un hombre de 18 años. Procedentes de Madrid, una mujer de 65 años, y dos hermanos de 11 y 10 años. Desde la barcelonesa Gallús, pasando por Barcelona, un varón de 58 años. Procedente de Bilbao, vino una mujer de 21 años. Finalmente, de la turolense Aguaviva procedía una familia compuesta por una madre de 23 años y sus hijos de 4 y 2 años.

Este grupo se ajustaba mucho más al mencionado perfil del refugiado, alojándose el 14 de junio en las aldeas de Casas de Eufemia y Los Duques. Esta segunda y albergaba a dieciséis refugiados de la provincia de Castellón, nueve de la provincia de Madrid y a una mujer de 49 años de la de Granada. Otras aldeas también se hicieron cargo de personas desplazadas. En El Rebollar fueron alojadas el día 16 catorce procedentes de Alcalá de Chivert. A día 20, Ortunas acogió a treinta y tres refugiados de Nules. En fecha próxima, no consignada, Los Pedrones albergaron a diez de Castellón, once de Burriana, cuatro de Villarreal, diez de la Vall de Uxó, uno de la turolense Oliete, uno de Ancera y uno de Madrid: unos treinta y ocho en total.

A 1 de julio, la Dirección General dispuso que marcharan a Requena cuarenta refugiados más bajo la responsabilidad de Francisco Ramírez.

La amargura de los refugiados.

Las personas refugiadas llegaron a una Requena acosada por muchas dificultades, como las acuciantes de suministro y producción. De hecho, el 23 de junio del 38 el consejero Cuenca preguntó sobre el control de los evacuados que querían trabajar en el campo, dada la escasez de brazos en tiempos de siega. Debían formarse brigadas de trabajo con evacuados y gente del pueblo bajo la supervisión de la Oficina de Colocación Obrera, donde los patronos los contratarían. Sin embargo, según el consejero Navarro, los patronos sobrepasaban allí a los obreros. Además, en las aldeas se debían acometer obras de fortificación, según se reconoció el 14 de julio.

La situación llegó a ser realmente desesperada en el mes de agosto. El día 5 se reunió la Comisión de Refugiados, ante el aluvión de recién llegados, y el 11 se solicitó que se retirara de la plaza de toros a un grupo indeterminado de evacuados. Buscarles alojamiento y dispensarles unas condiciones dignas de vida resultó muy complicado. Hemos de pensar que en una aldea como Los Pedrones, con unos 600 habitantes reconocidos, se albergaron al menos a treinta y ocho: el 6´33 por ciento de su población. Por las mismas fechas, una colapsada Cataluña acogía un 21% de refugiados. Los padecimientos de los refugiados se sumaban a los de la desangrada retaguardia republicana.

Fuentes.

ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE REQUENA.

Actas municipales del 25 de noviembre de 1936 al 4 de agosto de 1938 (2867) y del 11 de agosto de 1938 al 22 de marzo de 1939 (2865).

Expediente 10254//22 de la Guerra Civil.